Poetas

05/07/19


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Por:  Fabricio Farfán


Los poetas somos

los que no tenemos para cuando acabar

porque no conocemos el principio.

Vamos silbando en el camino

una crónica de lo cotidiano,

haciendo versos de las trivialidades.

Elegimos las rutas tortuosas

para conocer y regresar al mundo

haciendo alarde de nuestra ignorancia.

La mayoría sentimos, más que pensamos.

Nos gusta jugar con las letras

y hacer con ellas un espejo

en el cual te puedas mirar

y reconocer tu vida detrás de esa mirada,

-¿cuánta vida cabe en tu mirada?-

los poetas necesitamos estar locos,

porque sin la locura, no escribiríamos nada.

A los poetas nos encanta la ambivalencia,

y admiramos los claroscuros de la vida,

-aunque casi siempre nos quedamos con lo oscuro-

a veces también creemos en el alma

sin estar convencidos de ello,

pero es que no nos puede convencer nada,

porque lo que nos convence

nos hincha los sesos.

Tenemos unos ojos que nos salen

de las uñas y de los dientes

que nos sirven para ver

lo que dañamos.

A los poetas nos invaden

los fantasmas de los recuerdos,

pero olvidamos el origen del recuerdo.

De todos los espectros,

al que más le tememos

es al de nosotros mismos,

pero tenemos cierta fascinación

por jugar con el miedo.

Los poetas no sabemos, pero comprendemos,

y alomejor es por eso

que nos dan fiebre las langostas.

Somos como los espantapájaros

donde se anidan las sombras,

porque los poetas, los poetas de verdad,

somos tan hábiles,

que podemos hacer todo,

menos escribir poesía.



Fabricio Farfán
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